Un guiño a los más pequeños

En medio de esta temprana ola de calor que vaticina lo que llevamos años y años diciendo desde GLACKMA, brota en mí un guiño fresco para los más pequeños. Tengo esperanza con las nuevas generaciones, por eso a ellas voy a dedicarme todavía más en la próxima temporada.

Comienzo con una colección de cuentos que les voy a escribir. Confío que este verano, con la confluencia de elementos sanadores: sol, mar y viento, nazca el primer libro de la saga.

Y ahora para vosotros, seguidores de mi blog, os brindo el inicio del primer capítulo del primer tomo, en el que conoceréis a la pequeña protagonista. Espero que os guste.

Os deseo un feliz verano, en el que rompáis con la rutina y os llenéis de la felicidad que siempre nos regala la naturaleza.

–¡Mari Mar, Mari Mar!, baja a desayunar.

Una voz profunda y suave al mismo tiempo, termina de despertar a la pequeña. Había comenzado a romper ese hechizo del sueño a la realidad, un intenso rayo de sol que penetraba por la trampilla del tejado de la buhardilla y acertaba de pleno -a modo de diana- en una cara feliz.

Los párpados comenzaron a pestañear poco a poco, dejando al descubiertos dos grandes ojos, que revelaban una tremenda sed de curiosidad. Al ver la luminosidad del sol, una enorme sonrisa se dibuja en esa cara redonda. “Ayer cuando me acosté llovía y estaba gris”, era consciente Mari Mar según se iba despertando.

Estira un brazo fuera de la sábana, después el otro, las piernas… y de repente, ¡aúpa!, estaba de pie al lado de la cama, vistiéndose. Abre la ventana y respira profundo: “Ummmm, qué bien huele a verde, a montaña”. 

–¡¡¡Voy abuelaaaaaaaa!!! –grita con los pulmones llenos de energía.

Se disponía a bajar la escalera de la buhardilla, pero el trino de un pajarillo que se posa en el tejado la cautiva. Escuchándolo absorta recordaba que tan solo hacía dos días, estaba en la ciudad, donde esta frescura natural no existía. Allí solo había gente que caminaba con prisa y tenía caras tristes, coches que hacían ruido y echaban humo, edificios altos en los que vivían infinidad de personas que a pesar de verse casi todos los días, unos eran extraños para los otros.

“¡Qué horror! Qué lugar más diferente. Ahora soy libre en el campo, en las montañas verdes.“ Pensaba en voz alta mientras bajaba la escalera de madera de roble que tanto le gustaba.

Busca con la mirada enseguida a su abuela. Allí estaba como todos los años cuando venía a su casa del pueblo, en vacaciones de verano. Su mandil, desgastado ya en la zona de los bolsillos, pero que seguía zurciendo y aprovechando. De pie, al lado de la cocina de leña, preparando el desayuno de la pequeña. Abuela y nieta se cruzan las miradas y sonríen.

–Yo pongo la mesa –dice sonriente Mari Mar–. Soy rápida como el viento.

Con ese olor a pan tostado en el fuego de leña, lo primero que hace es abrir el armario de madera para sacar el bote de miel. No le quita los ojos de encima hasta que lo apoya sobre la mesa.

–Me encanta esta miel. Es la mejor miel del mundo, la de las montañas asturianas.

La abuela disfrutaba con su taza de café entre las manos, mientras observaba a la pequeña saborear la tostada de miel. Rico manjar que fundiéndose con el calor del pan crujiente, resbalaba por los laterales y antes de llegar a caer, la lengua de la pequeña lo recogía y se relamía mientras le dedicaba una sonrisa de complicidad a su abuela.

Sentadas a la mesa todavía, pero ya con las pancitas llenas, pregunta Mari Mar:

–¿Por qué me pusieron este nombre? Lo de Mari ya sé, pero lo de Mar. Al parecer los nombres siempre indican algo.

–Cuando naciste y abriste los ojos, podíamos ver el mar en ellos.

–Dicen que el mar es grande. ¿Es verdad?

–Es inmenso, mi pequeña Mari Mar.

–¿Más grande que los lagos de aquí de Somiedo?

La abuela sonríe y la mira con cariño, percibiendo que la niña quería saber más del mar.

–Sí, no te puedes imaginar tanta grandeza hasta que no estés en medio del mar. No puedes ver su final. Cuando estás frente a él, te transporta a una especie de mundo mágico que te hipnotiza. El sonido de las olas tiene un ritmo único. Como tus ojos, el color del mar varía según la luminosidad del día, si hay sol, si está cubierto de nubes, si llueve…

Mari Mar se levanta de la mesa y sube corriendo a su buhardilla.

–¿A dónde vas tan de prisa?, pequeña.

–Tengo que conocer el mar. Presiento que me llama. Voy a preparar mi mochila.

Al bajar, su abuela le tenía preparada una tinaja de miel, para que se llevara con ella.

–Hazle un hueco en tu mochila. Ya verás qué bien te viene.

Se despiden. Se dan un abrazo y un beso gigante. Todavía agarradas por los brazos pero con las cabezas separadas, los ojos de la pequeña se clavan profundamente en los de la abuela. Tan profundamente que sus almas llegan a sentirse y comunicarse.

–Búscame así siempre que lo necesites –con dulzura y serenidad le dice la abuela–. En la distancia, estaré a tu lado.

La pequeña se emociona dejando que las lágrimas corran por sus mejillas. Sonríe y aprieta su cara de nuevo contra el mandil de la abuela, quien con mucho cariño le acaricia su pelito corto transmitiéndole una seguridad inmensa.

Mari Mar se aleja montaña abajo, saltando en medio del prado, rebosante de felicidad. Sabía que comenzaba una aventura. La abuela, la miraba alejarse desde la cabañita de piedra. Conocía muy bien a su nieta y sabía que necesitaba descubrir por sí misma al mar y dejarse hipnotizar por tanta grandeza. 

12 comentarios en “Un guiño a los más pequeños”

  1. Se lo he leído a mi nieto. Me ha pedido volverlo a leer una y otra vez. Y me dice que te pregunte, que cuándo podrá comprar el primer cuento.

  2. Excelente iniciativa. ¡ME ENCANTA!
    Tienes muchísimo talento que junto con tu nobleza, te ayudarán a crear unos cuentos preciosos para los pequeños y para los no tan pequeños, jeje… Me apunto a leer la saga completa.
    Un abrazo enorme, Karmenka

  3. Enhorabuena por este proyecto!!
    Tu niña interior la conservas muy intacta. Tienes su sensibilidad, su vivacidad, su espontaneidad, su pureza, su inocencia y su ingenuidad.
    Saldrán unos cuentos fantásticos (para pequeños y grandes) al mezclar esa niña interior con tu talento para escribir, transmitir, comunicar y emocionar.
    Qué ganas de seguir leyendo…

  4. Las lágrimas resbalan por mis mejillas, vienen directas del corazón.
    Si esto significa algo, sigue con el relato. Yo seguiré leyéndolo, …

  5. Qué bonito lo que he leído…me ha transportado a mi infancia, cuando verano tras verano leía los libros de Enid Blyton titulados la Familia en la granja o la Familia en la barcaza… Me he vuelto a ver sentada en la cocina de mi abuela, al fresco, leyendo mientras ella hacía la comida… me encantaría seguir conociendo esta historia

  6. Ay Karmenka! Cuánto me ha emocionado, pensando en mi querida abuela … no sólo es una historia para niños … sigue escribiendo, por favor … estoy segura que hay mucho de ti en esta niña y queremos escuchar a tu alma … un abrazo enorme!!!

  7. Buaaaa… Mari Mar, abuela, miel, montañas, ojos que hablan, miran y sienten… se puede pedir más????
    Sííííí, sigue Karmenka, por favor, por ti, por mí y… por nuestras joyas!!!!

  8. !Me encanta!

    Tu literatura cercana es capaz de enganchar a grandes y pequeños. Tienes una magníficas cualidades para que este proyecto nuevo en el que te embarcas, sea un éxito.

    ¡Grande y humilde como tu sola! Feliz verano, feliz escritura.

  9. ¡Qué frescura! ¡Cómo atrapa tu personaje! Yo, ya siento a Mari Mar en la vida real, quiero saber más de ella… y no soy un niño, soy uno de tus seguidores adultos, de esos que quedamos enganchados con tus escritos.
    Te echaremos de menos en el verano. Pero adelante con tu nuevo proyecto.
    ¡Eres una caja de sorpresas!
    Un abrazo gigante y feliz verano también para ti. Disfruta del mar en tu velero como tú sabes disfrutar de la vida y la naturaleza.

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